miércoles, 24 de octubre de 2012



Porque no todo lo que empieza, acaba. No todos los "nada es para siempre" son verdad. No todo lo que sube, tiende a bajar. Ningún final tiene que ser triste siempre, es más, no tiene por qué haber un final. No todo depende de la puntería de Cupido, no todas las historias están escritas desde que nacemos. Nuestra historia es un libro, un libro con portada, pero no contraportada. Con un índice con más capítulos que días tiene un siglo, con infinitas páginas en blanco, y una pluma con nuestros nombres. Metáfora fácil: la historia la escribiremos nosotros. 

En los primeros capítulos, primeros besos y primeras experiencias. Discusiones tontas que terminan con una escena de sofá, abrazados. Tardes comportándonos como los niños que hace poco dejamos de ser, con cosquillas en la cama, inaugurando una nueva etapa de nuestras vidas. Capítulos después, despertares en la misma cama. Con abrazos, y "buenos días, mi princesa" de los que jamás me cansaré. Un cigarro en la terraza, después de un desayuno en el salón de nuestro piso. Discusiones no tan tontas, siempre con final feliz y un polvo de reconciliación. Un "eres mía, y yo soy tuyo" por aquí, también un "eres la mujer de mi vida" por allá. 

Seguidamente, los capítulos de la felicidad nunca antes alcanzada, alianza y un largo velo. Besos en el balcón del hotel de una ciudad en la que amanece más temprano y el sol se pone de último. Chupetes y peluches encima de una cama con sábanas de princesas. 

Capítulos después, paseos lentos por los rincones más apartados de la ciudad, cada uno de ellos testigo de nuestra historia a lo largo de los años. Recordando el abrazo de aquel banco del parque, el beso empapados en el centro. Comprar regalos para nuestros nietos en la misma tienda en la que solíamos comprarnos los detalles de cumplemeses. 

Una historia inacabable, un libro perfecto, en el que todas las páginas llevan escrita la frase "Felicidad máxima". Así, iremos escribiendo un libro jamás escrito, jamás contado, nunca antes inventado. Porque nosotros, por si no lo supiste desde el principio, somos la excepción de todas las reglas. 


domingo, 14 de octubre de 2012

*



Me rodeó con los brazos, me estrechó contra él y hasta la última de mis terminaciones nerviosas cobró vida propia. “Para siempre”, concluyó.


HE.



Lo mucho que quieres a una persona, se mide en tiempo. Sí, en el tiempo en que pasas pensando al día en dicha persona. Y lo que yo te quiero a ti, mide 24 horas; 1440 minutos. Puede parecerte una exageración, quizás para muchos lo sea. Pero cuando quieres tantísimo a alguien, un "te quiero" no es suficiente, ni una entrada, ni dos ni tres. Nunca nada será suficiente para demostrarte lo mucho que te quiero, lo mucho que me importas, y lo mucho que pienso en ti.

Puedes tener un millón y medio de defectos, que a mis ojos no lo serán. Puedes, también, mirarte en un espejo y pensar que eres feo, del montón, guapo, o guapísimo, sin embargo a mí me parecerás el chico más lindo que pueda existir. No hay nadie perfecto, pero tú eres la persona que más se acerca a ese término. Puedo mirar otros ojos, que siempre pensaré que tu mirada es la más bunita. También sabré que tus mofletis son los más monos y perfectos que he visto.  Siempre veré tu sonrisita como la más mona que haya, siempre pensaré que tu boca, tu nariz, tu culo superan con creces a las del resto. Y podría seguir nombrando cosas de ti que me gustan o, mejor dicho, que me encantan. Esa risa tonta que te sale a veces. Eso que me hace sonreír cada vez que te escucho. Todo, tú. La razón por la que me sale esa sonrisilla tontita cada vez que oigo tu nombre, lo que hace que piense que eres el mejor que existe, que nunca habrá otro como tú. La razón de todo esto es que te quiero. Pero no como se quiere normalmente, no. Más de lo que se suele querer a alguien.

Y pienso luchar, porque yo lucho por lo que quiero; y a ti, precisamente, lo único que hago es quererte. Pienso luchar por ocupar el lugar en tu corazón que tú ocupas en el mío. Voy a esforzarme por ser la persona en la que pienses nada más despertarte y justo antes de dormir, y con la que sueñes todas las noches. Si me das lo que necesito, prometo sacarte sonrisas día a día. Prometo ser la que te quiera por encima de todo y de todos, prometo ser tu princesa. Si tú me prometes quererme a cada minuto que yo te querré.

Y como te digo que nunca quise a nadie como te quiero a ti, te digo también que nadie jamás va a saber quererte como lo hago yo.