El
frío se ha anticipado al invierno, y el espíritu navideño se anticipa a las
propias navidades. Paseas por el centro, y un haz de luces con formas de
campanas cubre todas las cabezas. Los árboles con adornos y los muñecos de Papá
Noel decoran las ventanas de los edificios. Las hojas caídas del parque que
dejó el otoño, al invierno le da por vestirlas de blanco. Esas hojas que
pisamos juntos. El agua del estanque está ahora congelada, y tus “te quiero” se
disfrazan con vaho cuando salen de tus labios. Tus besos en el cuello se enredan
con mi bufanda de punto, y mis guantes son ahora los que acarician tu cara. Quererte,
amarte, en la estación más fría con el corazón caliente. Meterme en tu
chaqueta, entre tus brazos, con la excusa de que estoy helada. Besarte aunque
no tengamos una hoja de muérdago encima. Quiero poder seguir sumando recuerdos
a nuestras mentes, quiero que sigas siendo la razón por la que escribo, acordarme de la casi mitad de año que estuve junto a ti, y de empezar otro nuevo con tus besos. En
resumen, te quiero a ti. Así que, ponte un lacito, que mi árbol de Navidad te
espera bajo sus ramas, y yo bajo mis sábanas.
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