miércoles, 4 de julio de 2012

~Desconectar.


Sí, eso es lo que necesito. Unas vacaciones como Dios manda. Acabo de hacer las maletas y, por muy extraño que parezca, es la primera vez que no las hago llorando. Los años anteriores rezaba por quedarme más tiempo en Lugo, y cuando estaba en Gijón, contaba los días que quedaban para volver. Este año es diferente, este año hago las maletas feliz, deseando marcharme de esta mierda. Porque realmente, sé que lo necesito. Necesito ser otra vez la Tania que era cuando empecé tercero. Las cosas cambian a la gente, y yo no me di cuenta, hasta ahora. No era consciente de lo mucho que necesitaba ser la de antes, no me daba cuenta del cambio que había sufrido todo a mi alrededor. Y por eso quiero irme, para relajarme, para mandar a la mierda los problemas. Mi plan para este verano va a ser no pensar en nada, en absolutamente nada.

Me levantaré cada día con los ricos desayunos que prepara el abuelito, esos que se comen con un ansia terrible. Al fin y al cabo, algún día se acabarán. Luego, como de costumbre, cogeré un libro y subiré al undécimo piso de mi edificio, con una toalla y el bikini. A tomar el sol y sumergirme tanto en una historia, que me impida pensar en otra cosa. Comeré con la familia, y lo que haga a la tarde, varía. Iré a la playa a enterrar los pies de mi hermana en arena, y a dejar que me salpique con su pistola de agua cuando estoy tranquilamente tomando el sol. O puede que vaya con mi abuela a pasear por el muelle, a comprarles cositas de Dior y Bimba y Lola a los negritos de por allí. Sí, eso que tanto le gusta a mi abuela, regatearles los precios de los bolsos. Tomar un café con hielo en el Náutico, y escuchar los sabios consejos de mi abuelita sobre los amores y los chicos. Antes no les daba mayor importancia; ahora los escucho atentamente. Quizás coja a mi hermana y me la lleve a patinar hasta San Lorenzo, comprarle un helado y dejar que me manche la nariz con la vainilla. Puede, tal vez, que me vaya con mi padre a tomar algo, y a dar los largos paseos que tanto disfrutamos los dos. Otro buen plan es coger a mi abuela y llevármela de compras, ver como disfruta probando los conjuntos que le elijo, y verla toda motivada probándose gafas ridículas. Ir todos los fines de semana a comer, los seis, el churrasco tan rico que hacen en nuestro restaurante favorito. Beberme una caja de seis botellas de sidra a medias con mi abuela, y llegar a casa coloradillas las dos.

Después de todo esto, irme a Canarias con mis tíos y mi prima. Quince días de diversión, al fin y al cabo, en eso consisten las vacaciones, aparte del relax. Día tras día, amanecer e irnos a la piscina, tomar el sol. Compartir secretos, esos que hacen que seamos prácticamente como hermanas. Aconsejarnos, y reírnos. Sobretodo reír, esa va a ser la base de esta temporada. Coger e irnos a la playa, sin avisar, a las nueve de la mañana. Divertirnos como solo nosotras sabemos. Ir de compras, y salir de noche. Esos serán los planes de mis quince días en Tenerife, sí, señor.

¿Y luego? De vuelta a Gijón, sí, otra vez, pero con mi querida Albita. Llevármela al ático a leer conmigo, a tomar el sol. Coger y estar un día entero por Gijón, pasear, playa, comer en el Burguer King, como las gorditas que somos, y volver a casa, para sentarnos en el sofá, mirando la playa, y riéndonos de la gente borracha que va por el paseo. Risas, diversión, relax y, sobretodo, desconectar. Es lo que más necesito ahora. A la vuelta seré una Tania diferente, una Tania feliz, radiante, con una sonrisa de oreja a oreja. Una Tania que vendrá dispuesta a arrasar, y a comerse el mundo. Seré, de nuevo, Tania.  

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