El insustituible paraíso en el que me encuentro
cuando rozo tus labios. La manera en que el corazón se me acelera cuando me
muerdes el labio inferior. El hecho que hace que me eleve hasta lo más alto del
cielo cada vez que me miras y me sonríes. La nube en la que parece que estoy
cuando me abrazas fuerte. Y esa inconfundible sensación de felicidad cuando me
susurras “eres mía”. El roce de mi nariz con tu mejilla, y lo perfectas que se
ven tus manos cuando agarran las mías. Todo eso y más, hace que a cada minuto
me enamore más de ti, que cada vez que piense en tus besos suelte un grito,
pensando para mis adentros “¿cómo puedo tener tanta suerte?”. También tendrá
algo que ver que seas el niño más bonito que vi, los hoyuelos de tus mejillas
al sonreír que me hacen sonreír a mí. Que a cada minuto esté pensando en ti, en
cómo sería volverte a ver, o el hecho de que tus defectos sean virtudes a mis
ojos. Que la respuesta a todos mis arrebatos de felicidad sea tu nombre. Lo que
hace que tus ojos marrones hagan competencia a cualquier amanecer o anochecer
por la ventana, todo eso de que tú eres el único motivo de seguir de pie. Por eso
es que sonrío cada vez que alguien pronuncia tu nombre, a la vez que me dicen:
“Tania, estás enamorada”, y yo contesto: “Sí, y no lo cambio por nada”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario